Muchos aprovechamos las fiestas de fin de año para celebrar de manera especial con la familia o los amigos. Se prepara una comida especial, se saca la tenida de gala, nos reunimos y nos damos algún gustito en sintonía con el tono festivo que impregna esta época. Algo parecido a esto es lo que el gobierno de Bachelet hará con el proyecto de una nueva Constitución para Chile, que el gobierno saliente prometió enviar para su discusión inmediata en el Congreso.

La jugada aparece a destiempo, habiendo tenido cuatro años para tener una discusión un poco más seria sobre el tema. Incluso, podríamos decir que es de mal gusto, toda vez que las elecciones parlamentarias y presidenciales le dieron un portazo en la cara a la coalición gobernante. Si, no es posible hablar de un completo cambio cultural, que la derecha ahora es mayoría en las ideas y en la política, pero a todas luces hay un rechazo mayoritario a la manera en que el segundo gobierno de Bachelet manejó sus prioridades.

Justamente, en torno a las prioridades aparece una nueva muestra de mal gusto: en estos mismos días se dictó una sentencia que anula el juicio conocido como Luchsinger Mackay, aparecieron los resultados de la PSU, se muestra con fuerza la necesidad de modernizar el Estado, de dar una respuesta eficaz a la catástrofe en Santa Julia, en fin, tantas coyunturas sociales que merecen una mayor atención, y que han sido soslayadas por la Nueva Mayoría. Pero pedirle reacciones a un muerto es imposible, entonces mejor hubiera sido que el gobierno hubiese ocupado estos meses para ordenar la casa y generar condiciones para un traspaso pacifico del gobierno. Pero una vez más decidieron decir “paso”.

Algunas propuestas de trabajo para dedicarse los últimos dos meses del gobierno y que no pueden esperar más. Primero, corregir la falta de atención al Sename (esta semana se reveló que el Congreso gasta más en un preso que en un niño del SENAME). Segundo, asegurar el estado de derecho en la Araucanía (esta semana murió baleado un agricultor). También: gestionar el éxito de la licitación del Transantiago, volver eficiente a CODELCO, eliminar las trabas al emprendimiento en vísperas de un buen ciclo económico. En fin, tantas posibilidades, urgentes todas. Pero el foco estará, lamentablemente, en un proceso de nueva constitución que ya caducó, por su poca relevancia para la ciudadanía.

No es difícil proyectar el fracaso del empeño del gobierno en empujar proyectos carentes de toda validación ciudadana y política. La esperanza está, por lo tanto, en la materialización de los “tiempos mejores” desde marzo.

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