La victoria era completa. A las 19:00 del domingo llegaba a su fin la incertidumbre creada por una segunda vuelta extraña; y emergía un claro ganador: Sebastián Piñera. Un triunfo sólido, que se reflejaba en números que hablaban por sí solos: un 54% de votos a favor, una participación que aumentó en 300.000 votos, altas votaciones en comunas consideradas  “seguras” o de alta diferencia para la izquierda, como Puente Alto y Maipú.

Luego de este suceso, eran sólo esperables dos situaciones:

Uno: lo categórico del triunfo ameritaba escuchar el análisis y las palabras de quiénes habían contribuido a lograrlo. Los jefes programáticos. Los asesores discursivos. Los anteriores candidatos, Ossandón y Kast, que dejaron de lado diferencias para unirse en torno a un proyecto común. Los 50.000 apoderados que se desplegaron en todo Chile.

Dos: se esperaban ciertas autocríticas del bando derrotado, y de quiénes tomaron malas decisiones en segunda vuelta. Los asesores de debate de Guiller. El Frente Amplio, con su movedizo “apoyo”. El gobierno y sus intentos desesperados de “revivir” a Guiller a partir de una estrategia intervencionista.

Sin embargo, al poco tiempo de la anunciado el resultado final, emergían situaciones anómalas. El primer entrevistado en la radio era Francisco Atria. Los invitados a los programas de televisión eran en su mayoría del bando perdedor. Boric y Jackson, invitados estrella. ¿Cómo es esto posible? ¿Acaso se ha visto que se dé prioridad al jugador del equipo que perdió 5-0 para la entrevista al final del partido? Esto habla de una falla del periodismo electoral, pero también de un desafío para la derecha, a la que le faltan verdaderos comunicadores. Los pocos que tiene(Felipe Kast, Jaime Belollio) no dan abasto.

Pero el definitivo Paso Semanal va para todos aquellos miembros de la oposición, en su mayoría del partido comunista, que lejos de demostrar humildad en la derrota, prefirieron armar tinglados de explicaciones rocambolescas para explicar la derrota, en el mejor de los casos, o derechamente insultaron a la democracia e inteligencia del pueblo chileno, en el peor.

Veamos algunos ejemplos. Karol Cariola: “Hubo amedrentamiento a los trabajadores”, “La derecha tiene un nivel de conciencia de clase importantísimo”. Teorías descabelladas o bien tomadas de un marxismo añejo y obsoleto. Algo de espacio dejó finalmente a la autocrítica. Un caso peor es el diputado Hugo Gutiérrez, quien tildó de “idiotas” a los votantes de Piñera.

Estas declaraciones, emitidas por quiénes se arrogan la voz del pueblo, que dicen ver en la democracia un fin en sí mismo, que se autocalifican de populares, pone de manifiesto la hipocresía que cada vez más seguido empapa a la izquierda chilena. Si una encuesta perdida muestra que el apoyo a una de sus causas es levemente predominante, hablan de “posición mayoritaria” o “la sociedad cambió” o "hay que escuchar la voz del pueblo". Pero cuando 3.795.280 millones de chilenos se manifiestan por un programa, una coalición y un presidente que no es de su agrado, entonces las personas son "idiotas”. Es de esperar que el votante siga manifiestándose en contra de este doble estándar en el lugar que vale: las urnas.