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Las elecciones en primera vuelta no dejaron de sorprender a los interesados. De alguna manera, el escenario quedó configurado para una segunda vuelta menos sencilla de lo que esperaban en la oposición. Las sorpresas que dieron Sánchez a la izquierda y Kast a la derecha hacen menos clara la estrategia que deba seguir cada candidato en el balotaje.

En este contexto, un viejo ausente ha vuelto a plantear dudas en la candidatura de centroderecha: ¿y dónde está el relato? La pregunta que acompañó gran parte del anterior gobierno de Piñera hoy vuelve en gloria y majestad. Y este desafío, hay que reconocerlo, ha sido abordado en alguna medida en el comando del expresidente.

Aunque quizás aún de forma imperfecta e incipiente, el programa de Chile Vamos ha optado por fortalecer la presencia de la familia chilena en su discurso de campaña. Reconociendo que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad, se hace una apuesta explícita por conseguir su bienestar. Esto mismo le permite al programa introducir conceptos que hasta ahora eran poco visibles en el discurso de este sector político: la solidaridad, la protección de las clases medias, la importancia de compatibilizar la vida laboral con la familiar, y acompañar a los grupos más vulnerables a lo largo del ciclo vital y en los momentos de mayor dificultad. Estos conceptos, junto a las nuevas prioridades que puedan desprenderse de ellos, conforman algo así como un protorrelato que podría articular un proyecto a largo plazo. Por lo pronto, la preocupación por la familia permite hablar con otros términos, como por ejemplo el de solidaridad.

Si estamos dispuestos a restituir el valor de la familia, entonces las relaciones solidarias se derivan no sólo de la intención de promover su bienestar general, sino también porque se están reconociendo como valiosos los lazos propios de un ambiente familiar. Dicho de otro modo, la sociedad no se entiende sólo como un entramado de relaciones contractuales de reciprocidad; por el contrario, se conciben en ella también relaciones solidarias o de gratuidad, aquella experiencia más cercana al contexto familiar.

La solidaridad, la protección de las clases medias, la importancia de compatibilizar la vida laboral con la familiar, y acompañar a los grupos más vulnerables a lo largo del ciclo vital conforman algo así como un protorrelato que podría articular un proyecto a largo plazo

La segunda vuelta representa un desafío adicional para la candidatura de Sebastián Piñera, ya que debe convocar a los distintos mundos que se hicieron presentes a lo largo de las sucesivas elecciones de este año. De Kast a Kast, pasando por Ossandón, aparecen los más diversos grupos que existen al interior de la derecha chilena, con ideas opuestas y en abierta tensión. Esto sin mencionar el afán del expresidente por hacer guiños a los grupos de centro cuya sensibilidad no es necesariamente del mismo espectro político. Teniendo en consideración todo lo anterior, poner el acento en la familia cobra incluso más sentido. En efecto, ésta es la única preocupación transversal a lo largo de estas candidaturas: estaba presente en la prioridad por la infancia de Felipe Kast (y posteriormente de Goic), la cercanía popular de Ossandón y fue el eje central del programa de José Antonio Kast. Si hay un tópico que permita comenzar una articulación política en el sector, ésa es la familia. Y, por lo menos, hoy está presente de forma expresa en el programa de gobierno de la oposición.

En definitiva, ¿dónde está el relato para esta segunda vuelta? La respuesta parece ser clara: en la familia. Esto no está libre de problemas, ya que al poco tiempo las tensiones al interior de un conglomerado como éste se harán notar. Después de todo, se trata de un concepto tan fundamental como controvertido. Desarrollar estas ideas y construir un verdadero relato sigue siendo una tarea pendiente, pero al menos éste parece ser un primer paso.

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