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Los partidos políticos emergentes ven la derrota del centro en estas elecciones como una enorme oportunidad. ¿Serán capaces de aprovechar el momento?

Las estatuas de los tres presidentes de la Plaza de la Constitución podrían ser, en su conjunto, un monumento a la tradición oral más venerable de nuestra política: los “Tres Tercios”. Tengo buenos recuerdos de sobremesas domingueras eternas, bajo el parrón de la casa de mis abuelos en Buin, escuchando anécdotas sobre las presidencias de Alessandri, Frei y Allende. La política parecía más ordenada y las identidades más claras. Esto se hizo aún más patente durante el gobierno militar, en que la necesidad urgente de pronunciarse sobre el régimen forzaba definiciones y alianzas.

Mi abuelo, un hombre admirable, siempre explicaba la derrota electoral de la derecha contra la centro-izquierda de la misma forma: “un tercio nunca va a ser más que dos tercios”. Por esto, si aún tuviese la suerte de poder contar con su presencia, no creo que tuviera explicación alguna para los resultados de la elección del domingo recién pasado.

¿Dónde quedó el centro? La Democracia Cristiana corriendo el riesgo de ser un “vagón de cola de un gobierno de izquierda”, tal como lo dijo Mariana Aylwin hace un mes. Ciudadanos, aniquilado. Integra la lista de los partidos en vías de disolución, junto con Amplitud y el PRI, quienes también se sentían voceros del centro político. Mientras tanto, Evopoli celebró con bombos y platillos un 4% en la elección de Senadores, Diputados y Consejeros Regionales. No olvidemos, además, que Felipe Kast obtuvo en las elecciones primarias de Chile Vamos sólo el 14,7% de los votos, bastante menos de lo que se esperaba. Su tío, sin el apoyo de un partido político, con menos financiamiento y con un discurso que movilizó a un sector específico de la derecha, sacó un poco más del doble de sus votos.

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En resumen, los partidos y candidatos asociados al centro político mostraron un desempeño, a lo menos, humilde en la reciente pasada. ¿Significa que el centro, hoy por hoy, es irrelevante? Sí y no. Como han dicho todos los alumnos de Derecho que han cursado por su examen de grado “hay que distinguir”.

Ciertamente, los votantes expresaron que los temas favoritos del centro político chileno, en realidad, no les generan especial interés. Por mucho que Sebastián Piñera quiera ser una especie de Patricio Aylwin Reloaded, esto no le generará más réditos; los nostálgicos de la vieja Concertación son, al final del día, pocos. Por otra parte, quedo claro que la “propuesta valórica” de cierto liberalismo progre sólo motiva a quienes adscriben a él, tal como Lily Pérez y Luís Larraín lo sufrieron en carne propia. Por esa línea, si Evopoli quiere seguir creciendo, por una parte, y realmente aportar a la campaña de su candidato, por la otra, podría bajar los decibeles a sus intentos de pautear a Piñera en temas como el aborto o el matrimonio homosexual. Y, al mismo tiempo, fortalecer su discurso en aquellas “banderas” que, con excelente tino, supieron hacer propias: priorizar las políticas públicas orientadas a los infantes, el fortalecimiento de la sociedad civil o la defensa de reformas que permitan un mercado realmente competitivo y libre de delitos de “cuello y corbata”.

Que los partidos y los candidatos con “vocación de centro” hayan hecho de su sector algo más bien trivial para la política chilena es consecuencia de su incapacidad de leer de forma correcta las verdaderas necesidades y exigencias de los ciudadanos. Cuestión irónica si se piensa que la mayoría de los chilenos se auto-identifica como “de centro”. Volver a reencantarlos dependerá exclusivamente de la capacidad que tengan para alcanzar las expectativas de sus votantes, sin darse gustitos en pos de intereses sólo compartidos por la elite twittera. De otro modo, puede que futuras plazas tengan una estatua de Ignacio Walker o Luciano Cruz-Coke, pero, hoy por hoy, se estarían condenando a la irrelevancia.

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