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Si queremos vivir en un país donde la vejez sea digna, hay que dignificarla primero desde las pensiones. El sistema de reparto no es la solución que nuestros adultos mayores necesitan.

El sistema de reparto en nuestro país data de 1924 y se mantuvo vigente hasta 1980. Dicho sistema cubría la vejez, incapacidad, muerte y otros subsidios y beneficios de salud. Frente a esto, cabe preguntarse ¿es este sistema más justo que el sistema previsional actual?

La respuesta es única y clara: no. Existen dos grandes elementos que echan por tierra la viabilidad y conveneniencia de un sistema de reparto.

El sistema de reparto es inviable por la demografía

La aplicación de un sistema de reparto en nuestro país provocó grandes diferencias e injusticias entre los trabajadores. En primer lugar, estaba la división de los trabajadores: los manuales, los asalariados y los empleados públicos. A mayor poder económico y político del grupo al que se pertenecía, mayores eran sus beneficios. El sistema de reparto se basaba en la desigualdad negativa.

El antiguo sistema provisional se financiaba con los aportes de los trabajadores activos, los empleadores y el Fisco. El gran problema radicaba en los montos de pensión: estos no tenían relación con los aportes realizados por los trabajadores durante toda su vida activa, sino que únicamente se consideraban una cantidad determinada de cotizaciones (las 36 últimas). Además, si el trabajador no cumplía con la densidad de cotizaciones (ya sea por ser independiente, poseer un trabajo no formal o incluso por negligencia del empleador), este no recibía pensiones, perdiendo todo lo que había cotizado hasta entonces.

Además, es importante considerar que el promedio del monto de cotizaciones era de alrededor de un 22%. Hoy en día, el monto exigido corresponde al 10% del sueldo de un trabajador. Finalemente, la administración de las pensiones correspondía a las diferentes Cajas de Previsión. Estas no contaban con reajustes automáticos de acuerdo a la inflación, por lo que cuando el país se enfrentaba a este fenómeno, los jubilados se veían sumamente perjudicados. No hay que olvidar que Mario Góngora llamó a la inflación “el mal de Chile”.

¿Qué necesita un sistema de reparto para funcionar? Como lo plantea Ricardo Raineri, el componente fundamental es una tasa de crecimiento demográfica explosiva. Si un jubilado se quiere retirar manteniendo su sueldo, se requieren 10 trabajadores con su mismo sueldo que lo financien(manteniendo el 10% de aporte actual). A la izquierda se muestra la pirámide demográfica de Chile y a la derecha la pirámide de Chile actual. Claramente la estructura de la población cambió, y con eso desapareció el principal requisito para que funcionase el sistema de reparto.

Pirámide Poblacional 1970
Pirámide Poblacional 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El cambio en la estructura de la pirámide demográfica hace inviable el sistema de reparto a menos que el porcentaje de cotización aumente a niveles muchísimo mayores que el actual.

El sistema de reparto no genera riqueza

Existe una diferencia fundamental entre el sistema de reparto y de capitalización: el sistema de reparto es un sistema que distribuye la riqueza, mientras que el sistema de capitalización crea riqueza, por medio de la inversión del aporte en proyectos con retorno positivo. Utilicemos el siguiente ejemplo. Supongamos que el aporte de un trabajador equivale a una manzana. El sistema de reparto equivale a partir esta manzana en 10 partes y repartirla entre los jubilados. En cambio, el sistema de capitalización correspondería a plantarla. A medida que pasan los años, crece un manzano, que entrega una riqueza mucho mayor a largo plazo.

La inversión del aporte del 10% permite financiar proyectos. Las AFP invierten el dinero en empresas eléctricas, de construcción, etc., empresas que obtienen retornos en la bolsa y dividendos. Esto aumenta la riqueza , antes que solo repartirla. El impacto de este invertir  se dimensiona al notar que, de todo el capital en las AFP, solo un 25-30% corresponde a los aportes individuales. El resto son rentabilidades de lo invertido.

Finalmente, es claro que el sistema de reparto no es un sistema justo y equitativo, como han pretendido mostrarlo quienes lo proponen. Muy por el contrario, si consideramos su estructura y realidad histórica en Chile, no es más que un sistema de pérdidas y precarización de la vejez. Hoy en día nos enfrentamos a un creciente número de adultos mayores. Si queremos vivir en un país donde la vejez sea digna, hay que dignificarla primero desde las pensiones. El sistema de reparto no es la solución que nuestros adultos mayores necesitan.

Imagen: Latinoamérica libre

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