Evaluación
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La pobre performance electoral de la UDI tiene nombre y apellido: Jacqueline Van Rysselberghe. A ella le cae el Paso semanal por varias razones, pero, sobre todo, por conducir al otrora partido más grande de Chile a la irrelevancia. Si hasta hace una semana, aspiraba a ser el centro de gravedad del gobierno de Piñera (que hoy por hoy está en entredicho, porque jugaron con unas expectativas desmesuradas, que hacen que un porcentaje relativamente decente de votos se perciba como un fracaso brutal), ahora con suerte serán el arroz legislativo.

Veamos los números. La UDI aspiraba, en el peor de los casos, a obtener 32 diputados. ¿Quién se hace cargo de haber sacado menos que eso? ¿Se puede culpar de todo a factores externos? ¿Cómo explican que Renovación Nacional pasara de tener la mitad de diputados a superarlos por 5?

La UDI de todos prometida es ahora un pequeño bote en el mar electoral.

El caso emblemático es el del distrito 11, donde sólo pudo imponerse Guillermo Ramírez, en una sorpresa electoral, ya que Pablo Terrazas, secretario general UDI y delfín de la directiva del partido, contaba con toda la maquinaria a su favor. En la vereda del frente, la dupla Gonzalo Fuenzalida y Catalina del Real logró arrastrar a su compañera de lista, Karin Luck, dejando a su partido con 3 de los 5 escaños que ganó ChileVamos. El secretario general, que dirige las negociaciones por los cupos parlamentarios, logró una triste votación, insuficiente para optar al cargo.

Y la autocrítica brilló por su ausencia.

Por otra parte, la malísima idea de decir que Sebastián Piñera podía ganar en primera vuelta vino desde la tienda de Suecia. Como quedó en evidencia, la meta fue inalcanzable. Y el problema no es tanto la votación obtenida. Razones sobran: había muchos candidatos, no se tenía una plantilla parlamentaria tan fuerte, se expandió un ánimo triunfalista.

Lo que realmente logró JVR con su desafortunada estrategia fue aleonar a una izquierda que no tenía razones para votar, y conseguir que cualquier porcentaje menor al 50% más 1 de los votos fuera un desastre. Caras largas para la derecha, y un desafío aún más grande de cara a la segunda vuelta: motivar a un sector que cree que perdió el domingo.

La directiva de JVR debería renunciar por esta y otras razones. Por esa nueva izquierda que, para ella, no existe, y que logró obtener 20 diputados. Por el error de cálculo electoral que dejó a la UDI a medio morir saltando. Por unas expectativas que fueron un salvavidas de plomo para la derecha. La UDI de todos prometida es ahora un pequeño bote en el mar electoral.

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