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A diferencia de años anteriores, los programas presidenciales han acaparado mayor atención en la discusión pública, seguramente gracias al segundo gobierno de Michelle Bachelet y a su apego dogmático a dicho documento. Esto explica en gran medida su importancia en estas elecciones.

Dicho lo anterior, se entiende que el programa es un documento dirigido hacia los electores y distintos agentes interesados en el quehacer público. Desde esta perspectiva, podemos decir que se trata de un documento político, cuyo fin es informar y/o convencer a los posibles votantes sobre los aspectos que puedan ser de interés para ellos. Esto implica que el programa de gobierno debe responder a una cuota no menor de contingencia, ya que no todos los años electorales están marcados por los mismos tópicos de interés; pero también debe incluir ciertos aspectos siempre importantes (por ejemplo, siempre será relevante saber qué afinidad política tiene el candidato, cuál es su visión de la sociedad o a qué tipo de régimen aspira como ideal). No se trata sólo de hacer lo más eficiente, sino saber justificar por qué es bueno lo que se propone, o bajo qué premisas es lo más justo para nuestro país.

No se trata sólo de hacer lo más eficiente, sino saber justificar por qué es bueno lo que se propone, o bajo qué premisas es lo más justo para nuestro país.

Teniendo estos elementos a la vista, ¿qué aspectos del contexto político actual debieran estar presentes en los programas de gobierno? Ciertamente, están en primer lugar aquellos ineludibles: los candidatos debieran decir con total claridad y sin complejos a qué tipo de sociedad aspiran, qué valores específicos persiguen, y con qué concepción sobre el rol del Estado, el mercado, la sociedad civil y las principales instituciones del país pretenden dirigir a Chile. Por otro lado, están todos aquellos elementos que han caracterizado la realidad nacional en los últimos años. Dentro de esto último se incluye la creciente desconfianza hacia los políticos y diversas instituciones dirigentes, así como una demanda por más seguridad, mejor educación y pensiones más altas, entre otras.

De acuerdo a esto último, los programas presidenciales en estas elecciones debieran referirse obligatoriamente y sin ambigüedades a las reformas que fueron llevadas a cabo en los últimos años, y cómo se posicionan ante ellas. Finalmente, no hay que olvidar la tarea de mediación que cumplen los políticos en la sociedad, siendo indispensable que articulen un discurso que brinde sentido a su gobierno. No se trata sólo de hacer lo más eficiente, sino saber justificar por qué es bueno lo que se propone, o bajo qué premisas es lo más justo para nuestro país.

En concreto, un buen programa presidencial debiera contener, en primer lugar, un diagnóstico claro sobre la realidad chilena. Éste debiera definir los principales ejes y los principios orientadores para un eventual futuro gobierno, luego de haber identificado los problemas y desafíos más acuciantes de la realidad nacional actual. Luego de eso, presentar los proyectos emblemáticos sobre los que se basa el programa de gobierno. Elegir y priorizar ciertos temas por sobre otros representa un trabajo político más relevante que simplemente sumar y agregar una lista de proyectos pequeños. A su vez, esto permite centrarse en dichos proyectos que tienen un valor simbólico para la campaña y justificarlos de mejor manera. Por ejemplo, si un candidato quiere ofrecer gratuidad universal en educación, lo mínimo será probar su factibilidad y justificar por qué es una política prioritaria. Lo mismo ocurre si se promete reducir el gasto público: es inevitable señalar qué programas serían modificados o que simplemente dejarán de funcionar.

En definitiva, los programas debieran buscar el equilibrio entre lo contingente y lo trascendente, con un discurso eminentemente político aunque sin prescindir de lo técnico.

En definitiva, los programas debieran buscar el equilibrio entre lo contingente y lo trascendente, con un discurso eminentemente político aunque sin prescindir de lo técnico. ¿El objetivo? Favorecer el voto informado que fortalezca la democracia y nuestra vida cívica. Si midiéramos con estos parámetros, los documentos de las candidaturas para esta elección difícilmente pasarían la prueba. Guillier ha presentado tres documentos a la fecha, y posiblemente presente más, representando quizá la mayor incertidumbre entre los candidatos. En su mayoría los programas sobrepasan las 100 páginas y han sido presentados a semanas de la primera vuelta, lo que no favorece al voto más informado. En fin, habrá que esperar a que el estándar sea más alto en futuras elecciones, lo mínimo para una sociedad que busca crecer en su democracia.

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