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El Paso de esta semana va para la totalidad de la Nueva Mayoría, y en particular, para Michelle Bachelet, por la crisis que destapó la renuncia de las cabezas de su equipo económico, justo antes de la discusión del presupuesto 2018. Con la noticia más digerida, y visibilizando las raíces del problema después de todo el humo que levantó el acontecimiento, parece ser que el gran problema de la Nueva Mayoría no fue el proyecto -mal que mal, estaba pretendían ser un gobierno refundacional, y nadie puede decir que eso no se sabía desde un principio-, sino la falta de liderazgo de quien lo encabezó, sobre todo, por la incapacidad de dar a la coalición una conducción política clara.

¿Ha pasado un presidente de Chile por un episodio tan vergonzoso como el que se vivió con la reforma de pensiones? Mientras el 99% del gobierno se empeñaba en crear el mito de una reforma inocua para el empleo y el mercado del trabajo, el 1% restante(el Ministerio de Hacienda) revelaba la verdad en un informe que cifraba en hasta 394.000 la posibles pérdidas de puestos de trabajo provocadas por la reforma. La respuesta de la Presidenta, consultada al respecto: "Hoy no tuve tiempo de leer el diario".

Pero esta falta de conducción no es nueva. Se notó durante estos cuatro años, tanto en la indisciplina de los partidos en su actuar -no olvidemos que la DC siempre manifestó públicamente su incomodidad con las reformas, a pesar de que después igual prestó los votos para todas- como en la falta de un líder claro pensando en las elecciones de fin de año. Eso porque, como dice el refrán popular, aunque la mona se vista de seda, mona queda: Guillier, por mucha pintura que le pongan, está lejos de ser Bachelet, y está lejos de ser un líder político, más allá de que su figuración pública en Chilevisión le dé una base de apoyo no despreciable.

La tensión interna no ha podido ser resuelta por ninguno de los dirigentes nuevos o viejos, y más bien confirma la irremediable fragmentación de la izquierda en tres: la DC, lo que queda de Nueva Mayoría y el Frente Amplio. Mientras, en la vereda del frente las cosas marchan razonablemente bien, en torno al liderazgo de Sebastián Piñera, y lo que es más importante, en una lista parlamentaria única, lo cual, en el sistema electoral actual, favorece bastante las aspiraciones de la derecha.

Sobre este último punto, cabe encender la luz amarilla: la situación es de bonanza, pero Piñera y Chile Vamos corren el riesgo de “bacheletizarse”, es decir, confiar excesivamente en una figura que ayude a ganar una batalla, pero a perder la guerra. Resulta preocupante, por ejemplo, la demanda del Piñera para realizar debates con sólo 3 candidatos  Una candidatura que puede tener éxito hoy, puede que favorezca las condiciones para que crezca el adversario de mañana.